Por: Alberto Carrasco Cedillo
Para quien creció escuchando hablar del cordonazo de San Francisco, la lluvia de este 4 de octubre tiene algo de familiar. Basta mirar la fecha para recordar aquella explicación que se escuchaba en casa cada vez que el agua llegaba por estos días.
Pero ¿qué tiene que ver un santo con semejante aguacero?
La respuesta está en el cordón que lleva anudado a la cintura. Una leyenda cuenta que San Francisco sacude el cordón de su hábito para quitarle el agua acumulada, y que esas gotas caen con fuerza sobre la tierra. Es el famoso “cordonazo”, que la creencia popular relaciona con las últimas lluvias de la temporada. Así lo recoge el INAH.
La fecha coincide con su fiesta, el 4 de octubre. Y en una región de magueyes, parcelas y familias ligadas al campo, como el Altiplano, hablar de lluvia también es hablar de lo que se siembra, de lo que se espera cosechar y de las historias que se heredan.
El cordonazo pertenece a esa manera de mirar el cielo y explicarlo con palabras que se quedan en la memoria. No garantiza que sea la última lluvia del año, pero conserva una historia que vuelve a cobrar sentido cuando octubre nos recibe con un aguacero.
Este domingo, entre paraguas y calles mojadas, la lluvia también trae un recuerdo de casa.



