Nació en 1974 con 150 alumnos, siete maestros, cuatro aulas y dos laboratorios, en una ciudad marcada por DINA, Concarril y SIDENA. Hoy, su historia también forma parte de la memoria industrial del Altiplano.
Por: Alberto Carrasco Cedillo
Antes de ser CBTis 59 se llamó CECyT 229.
Y antes de ocupar el plantel que hoy conocen miles de habitantes del Altiplano, sus primeros estudiantes tomaron clases en las instalaciones que había dejado una antigua clínica del IMSS en Ciudad Sahagún.
Era septiembre de 1974.
Para entonces, Sahagún era muy distinta a la que conocemos hoy. Enormes fábricas daban empleo a miles de personas; diariamente entraban y salían obreros, técnicos e ingenieros de empresas como Diesel Nacional, DINA; la Constructora Nacional de Carros de Ferrocarril, Concarril; y Siderúrgica Nacional, SIDENA.
En medio de aquella ciudad construida alrededor de la industria nació una escuela que, 52 años después, continúa formando generaciones.
Esta es parte de la historia del CBTis No. 59 “Miguel Hidalgo y Costilla”.
Todo comenzó como el CECyT 229

La reseña histórica del propio plantel señala que en 1974 se integró un patronato que gestionó ante el entonces presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, la creación de una institución de educación media superior en Ciudad Sahagún.
La solicitud prosperó.
El 24 de septiembre de 1974 quedó establecido el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos No. 229, CECyT 229, aunque durante la conmemoración de su 52 aniversario se señaló que las actividades académicas comenzaron desde el día 23.
Pero todavía no existía el plantel como lo conocemos actualmente.
Las primeras clases se impartieron de manera provisional en un inmueble que había sido utilizado por el Instituto Mexicano del Seguro Social.
Meses después ocurrió el siguiente paso.
150 alumnos y una escuela que apenas comenzaba
De acuerdo con la historia institucional, el Fideicomiso Sahagún proporcionó el terreno para construir las instalaciones.
Para febrero de 1975, el CECyT 229 ya trabajaba en su nueva sede con apenas: 150 estudiantes, siete catedráticos, cuatro aulas y dos laboratorios.
La reseña presentada durante el aniversario número 52 agrega otro dato: el predio tenía una superficie de casi ocho hectáreas y habría sido aportado originalmente por un ejidatario. Su nombre, sin embargo, no aparece identificado en la información pública localizada hasta ahora.
Pero para entender por qué una escuela tecnológica tenía tanto sentido en ese lugar y en ese momento hay que mirar más allá de sus salones.
Hay que mirar a Ciudad Sahagún.
Primero llegaron las fábricas

Ciudad Sahagún es un caso particular en la historia de Hidalgo, aquí, en buena medida, la industria llegó antes que la ciudad.
Durante la década de 1950 comenzó a levantarse en el Valle de Irolo uno de los proyectos industriales más ambiciosos del México de aquella época.
Llegaron DINA, dedicada a vehículos y motores; la Constructora Nacional de Carros de Ferrocarril, que produciría material ferroviario, y Toyoda de México, que posteriormente se transformaría en Siderúrgica Nacional.
Alrededor de ellas hubo que construir prácticamente todo: viviendas, calles, servicios, escuelas, áreas deportivas y espacios para las familias de quienes llegaban a trabajar.

Miles de personas encontraron allí una oportunidad distinta.
Campesinos, peones y trabajadores provenientes de poblaciones cercanas comenzaron a convivir con soldadores, torneros, electricistas, mecánicos, ingenieros y técnicos especializados.
También llegaron especialistas extranjeros que ayudaron a instalar maquinaria, interpretar planos y transferir conocimientos a los trabajadores mexicanos. Investigaciones históricas documentan presencia de técnicos estadounidenses y franceses en empresas como DINA y Concarril durante ese proceso.
Sahagún necesitaba aprender a fabricar y después necesitó formar a quienes continuarían haciéndolo.
Una escuela en medio de una ciudad industrial
Es ahí donde el nacimiento del CECyT 229 adquiere otra dimensión.
No hemos localizado un documento que permita afirmar que DINA, SIDENA o Concarril fundaron directamente la escuela o que ésta haya sido creada exclusivamente para proporcionarles trabajadores.
Decirlo así sería simplificar demasiado la historia.
Lo que sí está documentado es que el CECyT apareció en una ciudad cuya vida económica dependía profundamente de la industria y en una época en que las empresas de Sahagún desarrollaban programas de capacitación y requerían mano de obra cada vez más especializada.
El perfil técnico del plantel encajaba naturalmente en ese entorno.
Mecánica, electricidad, maquinaria, mantenimiento, dibujo técnico, procesos industriales y posteriormente especialidades vinculadas a la electromecánica formaban parte del universo cotidiano de una ciudad en la que buena parte de las familias tenían algún vínculo con las fábricas.
No era extraño que un padre saliera de casa con overol rumbo a la zona industrial mientras su hijo estudiaba para convertirse en técnico.
Era la continuación de un mismo proceso.
De aprender el oficio a fabricar para México
La importancia de aquella preparación se entiende mejor observando lo que Ciudad Sahagún llegó a producir. DINA se convirtió en referente nacional en la fabricación de camiones y autobuses.
Concarril desarrolló material ferroviario y durante la década de 1970 comenzó a fabricar en Sahagún trenes para el Metro de la Ciudad de México.
SIDENA, por su parte, fortaleció capacidades relacionadas con acero, fundición y componentes industriales.
Esa transformación no ocurrió únicamente con maquinaria, necesitaba personas capaces de operarla, repararla, mejorarla y eventualmente desarrollar conocimientos propios.
En ese contexto, una institución tecnológica de nivel medio superior tenía una función que iba mucho más allá de entregar certificados. Formaba parte de la construcción de una cultura industrial.
En 1979 ya era reconocido como centro capacitador
Cinco años después de su nacimiento ocurrió un dato especialmente significativo.
El 15 de mayo de 1979, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social reconoció al CECyT 229 como Institución Capacitadora, asignándole el registro AIEC-79051522913.
Era una señal clara de la relación que la escuela había construido con la formación para el trabajo. Cuatro años después llegaría otro cambio importante.
El 24 de marzo de 1983, por disposición de la Secretaría de Educación Pública, desapareció oficialmente la denominación CECyT 229.
Desde entonces sería: Centro de Bachillerato Tecnológico industrial y de servicios No. 59. El nombre con el que varias generaciones comenzarían a identificarlo simplemente como “el CBTis”.
En 2010 se autorizó además que llevara oficialmente el nombre de “Miguel Hidalgo y Costilla”.

52 años después
Las grandes empresas que rodearon el nacimiento del plantel atravesaron privatizaciones, cierres, transformaciones y nuevas etapas.
Ciudad Sahagún también cambió, pero aquella escuela que comenzó con 150 estudiantes permaneció.

Este septiembre de 2026, el CBTis 59 conmemoró 52 años de historia y presentó una nueva fachada en su acceso principal. Su actual director, José Raymundo Muñoz Islas, recordó durante la ceremonia aquellos primeros años del plantel.
Detrás del aniversario hay algo más grande que un número, hay generaciones completas de familias del Altiplano. Abuelos que trabajaron en Concarril, DINA o SIDENA; padres que estudiaron en el antiguo CECyT; hijos que caminaron años después por los mismos pasillos convertidos ya en CBTis 59.
Con esto demostramos que, la historia industrial de Ciudad Sahagún no solamente está escrita en sus antiguas fábricas, en los camiones que salieron de sus líneas de producción o en los trenes construidos para México.
También está escrita en sus escuelas y entre ellas permanece una que nació cuando el ruido de las máquinas todavía marcaba el ritmo cotidiano de la ciudad.
Primero fue CECyT 229. Hoy, 52 años después, es parte de la memoria de Ciudad Sahagún: el CBTis 59.



