El festival logró atraer miles de visitantes, involucrar a artistas y comerciantes y obtener un reconocimiento turístico estatal. Para el actual alcalde, sin embargo, fue un gasto excesivo que dejó deudas y “no aportó nada” al municipio. La decisión divide opiniones, pero también coloca una nueva responsabilidad sobre su gobierno: demostrar con hechos que el dinero que ya no se destine al evento resolverá necesidades prioritarias.
TEPEAPULCO, HGO.— Pueblo Calavera no volverá.
Después de dos ediciones, uno de los proyectos culturales y turísticos que mayor presencia dio a Tepeapulco durante las celebraciones de Día de Muertos fue cancelado definitivamente por la administración que encabeza Félix Ávila Castelán.
El argumento es económico.
El presidente municipal sostiene que recibió un ayuntamiento en condiciones financieras críticas y con adeudos cercanos a los 80 millones de pesos, relacionados con obras, servicios, ferias y eventos. Entre esos compromisos se encuentran pagos vinculados con Pueblo Calavera, algunos de los cuales, según ha señalado, fueron acordados verbalmente y carecen de contratos que permitan reconocerlos jurídicamente.
Ávila Castelán ya había adelantado desde marzo su decisión de cancelar definitivamente el festival. Entonces aseguró que el municipio tenía otras prioridades y mencionó directamente calles, alumbrado público y seguridad como áreas hacia las cuales deberían dirigirse los recursos. En agosto volvió a ser contundente al referirse a Pueblo Calavera como un gasto “muy excesivo” que, desde su perspectiva, no generó beneficio para Tepeapulco.

Un evento que sí logró posicionarse
Pueblo Calavera nació en 2024 como una apuesta para convertir el Día de Muertos en un producto turístico propio de Tepeapulco.
Su primera edición reunió más de 20 mil visitantes, de acuerdo con información publicada al término del festival. Hubo desfiles, expresiones artísticas, actividades culturales y una intervención de más de cien metros en la barda del panteón municipal.
Para 2025 el proyecto creció.
Se incorporaron experiencias relacionadas con el Mictlán, altares, teatro, concursos, artesanos, gastronomía, tres desfiles y un concurso de mural en la barda principal del Panteón Municipal. La segunda edición involucró incluso a 19 artistas provenientes de Hidalgo y Oaxaca.
La propia administración de entonces proyectaba superar los 25 mil visitantes y alcanzar una derrama económica superior a los 10 millones de pesos; estas cifras fueron presentadas como expectativas previas al evento, no como resultados finales comprobados.
Poco después llegó el reconocimiento.
En noviembre de 2025, Pueblo Calavera fue distinguido dentro de los Galardones a la Innovación Turística de Hidalgo, precisamente por su capacidad para generar impacto turístico. El propio Gobierno de Tepeapulco presumió entonces el reconocimiento y destacó que el proyecto había fortalecido la identidad cultural y el atractivo turístico municipal.
Eso también forma parte de la historia.

Se puede cuestionar cuánto costó, cómo se contrató, si hubo excesos, si la derrama económica justificó la inversión y, sobre todo, por qué quedaron servicios pendientes de pago.
Pero sería difícil afirmar que pasó inadvertido.
Un cambio abrupto después de la muerte de Alfredo González Quiroz
El escenario político de Tepeapulco cambió inesperadamente el 26 de diciembre de 2025, cuando falleció en un accidente automovilístico el entonces presidente municipal Alfredo González Quiroz.
Félix Ávila Castelán, quien había sido registrado como suplente, rindió protesta como presidente municipal constitucional el 6 de enero de 2026 para concluir el periodo 2024-2027. En su primer mensaje prometió responsabilidad, transparencia, apego a la ley y una revisión administrativa del gobierno municipal.
Semanas después comenzaron a conocerse públicamente los problemas que, de acuerdo con Ávila, encontró dentro del ayuntamiento.
En enero declaró que se revisaban alrededor de 30 contratos relacionados con obras y eventos, además de adjudicaciones directas y presuntos acuerdos verbales mediante los cuales algunos proveedores habrían prestado servicios sin recibir el pago correspondiente. El caso fue puesto bajo revisión jurídica y de la Auditoría Superior del Estado de Hidalgo.
Meses después, el propio alcalde elevó la estimación de los compromisos reclamados hasta alrededor de 80 millones de pesos, aunque ha precisado que una parte importante carecería de documentación contractual que permita reconocerla legalmente.
Los murales también entraron en la polémica

La ruptura con Pueblo Calavera comenzó a ser visible incluso antes de confirmarse públicamente su cancelación.
Una de las decisiones que generó inconformidad entre habitantes fue la desaparición de los murales realizados como parte del proyecto en el panteón municipal.
Su existencia y origen sí están documentados: el concurso Mural Pueblo Calavera formó parte oficialmente del programa de 2025 y las obras fueron realizadas en la barda principal del camposanto.

Posteriormente, en publicaciones vinculadas con Turismo de Tepeapulco aparecieron comentarios de ciudadanos cuestionando por qué habían sido cubiertos aquellos murales.
Para algunos habitantes, eliminar obras en las que previamente se habían invertido recursos públicos y premiado el trabajo de artistas resultó difícil de entender, particularmente si después sería necesario volver a destinar recursos para intervenir esos espacios.
Hasta ahora, El Altiplano VIVE no localizó una explicación oficial que detalle el costo de esa sustitución ni las razones específicas para retirar aquellas obras, por lo que sería irresponsable atribuir públicamente la decisión a un simple “capricho”.
Pero la pregunta sobre el uso de los recursos sí es válida.

Cancelarlo también genera una obligación
Aquí está el verdadero fondo del asunto.
Entre los habitantes de Tepeapulco existen posiciones encontradas.
Hay quienes lamentan que desaparezca un evento que comenzaba a construir identidad, atraía visitantes y colocaba al municipio dentro de la conversación turística del estado.
Y también hay quienes celebran la decisión porque consideran que un gobierno municipal no debería financiar grandes festivales mientras existen calles deterioradas, deficiencias en servicios públicos, problemas de seguridad y otras necesidades básicas.
Ambas posiciones tienen argumentos.
Lo que cambia a partir de ahora es que Félix Ávila Castelán ha colocado públicamente una vara con la cual podrá medirse su propia administración.
Si Pueblo Calavera era demasiado caro, entonces Tepeapulco tendrá que notar el ahorro.
Si los millones que ya no se destinen a producción, espectáculos, estructuras, concursos, decoración y contratación de servicios terminan convertidos en calles rehabilitadas, luminarias funcionando, mayor seguridad, servicios públicos eficientes y obras que solucionen problemas cotidianos, el alcalde tendrá elementos para demostrar que tomó la decisión correcta.
Pero si esas mejoras no llegan, cancelar Pueblo Calavera difícilmente podrá defenderse únicamente bajo el argumento de austeridad.
Porque ahorrar no significa simplemente dejar de gastar.
Significa explicar cuánto se gastaba, cuánto se dejará de gastar, dónde será utilizado ese dinero y, finalmente, qué obtuvo la ciudadanía a cambio.
Pueblo Calavera tuvo aciertos y también merece una revisión seria sobre sus costos y mecanismos de contratación. Que haya ganado un reconocimiento turístico no convierte automáticamente todos sus gastos en justificables; pero que haya existido desorden financiero tampoco elimina el valor cultural, artístico y turístico que alcanzó en apenas dos años.
Ahora la responsabilidad pertenece a la administración del Dr. Félix Ávila.
El alcalde ha dicho que Tepeapulco necesita otras prioridades.
Es su oportunidad de demostrarlo.
Que el fin de Pueblo Calavera no se quede solamente en la desaparición de un festival, sino que el ahorro prometido pueda verse —y medirse— en las calles de Tepeapulco.




