Escultura al Obrero de Ciudad Sahagún: acero, arte y orgullo industrial

Por: Alberto Carrasco

En Ciudad Sahagún, existe una obra que con el paso de los años se ha convertido en uno de los símbolos más representativos de la identidad industrial de la región: la Escultura al Obrero, una pieza que rinde homenaje a las generaciones de trabajadores que dieron vida al desarrollo de la ciudad.

Ubicada sobre la avenida Chimalpain, frente a lo que fuera el acceso principal de Diesel Nacional (DINA), esta escultura fue creada en 1984 para conmemorar los 30 años de la empresa, una de las industrias más importantes en la historia económica del Altiplano hidalguense.

Una escultura hecha con el mismo espíritu del obrero

La obra tiene una altura cercana a los 4.8 metros y fue construida a partir de un concepto profundamente ligado a la vocación metalmecánica de Ciudad Sahagún. Para su elaboración se utilizaron piezas de desecho industrial, cortes de pantógrafo, chatarra y material metálico proveniente de las plantas, elementos que normalmente se considerarían obsoletos, pero que en manos de artistas y trabajadores se transformaron en un símbolo del trabajo y la creatividad.

La escultura fue realizada en el Centro de Desarrollo para la Comunidad, donde existían las instalaciones necesarias para llevar a cabo el proyecto.

Detrás de esta obra estuvieron cuatro creadores unidos por su pasión por el arte: el maestro paisajista Jesús Mora Luna, entonces director del Centro de Desarrollo; el pintor Miguel Ángel Hermann, originario de San Juan Tecocomulco; el escultor Raymundo González y su ayudante Pedro Martínez.

Fotografía: Cronista de Tepeapulco Hidalgo

De un trazo a una escultura monumental

El proceso creativo comenzó con el trazo inicial de la figura, realizado por Miguel Ángel Hermann, quien diseñó las líneas que posteriormente serían convertidas en una estructura tridimensional.

Después, Raymundo González y Pedro Martínez modelaron la escultura en barro, creando la base sobre la cual se fueron integrando las piezas metálicas. Poco a poco, fragmentos de metal que alguna vez fueron considerados chatarra comenzaron a formar el cuerpo del obrero.

El proceso no estuvo exento de desafíos. En muchas ocasiones, el diseño debía adaptarse a las piezas que llegaban desde las plantas industriales, lo que obligaba a modificar la estructura original. Sin embargo, esa misma adaptación terminó por darle carácter a la obra.

A pesar de su tamaño, la escultura fue terminada en apenas diez semanas, gracias al trabajo constante del equipo creativo y al seguimiento cercano de Jesús Mora Luna, quien asesoró cada etapa del proyecto con entusiasmo.

La influencia de un grande del arte mexicano

El escultor Raymundo González contaba con una experiencia singular: durante nueve años y medio trabajó junto al muralista David Alfaro Siqueiros, uno de los grandes representantes del arte mexicano contemporáneo.

Entre las experiencias que marcaron su trayectoria se encuentra su participación en el Polyforum Cultural Siqueiros, donde la estructura metálica soldada forma parte esencial de la obra arquitectónica y artística.

Esa experiencia influyó directamente en la técnica utilizada para construir la Escultura al Obrero.

La develación: un reconocimiento al trabajador

La escultura fue develada durante los festejos del 30 aniversario de DINA, en una ceremonia que reunió a directivos, trabajadores y representantes sindicales.

El acto estuvo encabezado por el entonces director general de la empresa, Ricardo García Sáinz, acompañado de su esposa Georgina Luna Parra, así como del secretario general del sindicato Luis Ortega Gregorio. También estuvieron presentes los 30 trabajadores más antiguos de la empresa, quienes simbolizaban décadas de esfuerzo dentro de la industria.

Fotografía: Gen Vega

Un símbolo que permanece

Con el paso de los años, la Escultura al Obrero se ha consolidado como uno de los referentes urbanos y culturales de Ciudad Sahagún.

Más que una pieza artística, representa el espíritu de una ciudad que nació alrededor de la industria y que fue construida por manos trabajadoras que transformaron el metal en progreso.

Cada pieza soldada en su estructura recuerda una historia: la de los obreros que, entre chispas, calor y acero, forjaron el carácter industrial del Altiplano hidalguense.

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